LAS COORDENADAS DEL MEJOR CAMBIO: 5ª, 6ª y 7ª coordenada.

por / martes, 12 diciembre 2017 / Publicado enLas coordenadas del mejor cambio

5ª COORDENADA: ¿HACIA DÓNDE DIRIGIMOS LOS CAMBIOS?

¿Confío en lo que quiero lograr?

TRAER El FUTURO AL PRESENTE.

Sin duda, dirigimos los cambios hacia algo que situamos en el futuro, no en el presente.

Creemos que ese algo será bueno, útil, mejor, que nos  proporcionará paz, felicidad, en suma bienestar.

Dirigimos los cambios hacia lo que vendrá, no a lo que es hoy. La forma de encarar este planteamiento positivo nos juega una mala pasada, pues el pasado tiende a repetirse, a perpetuarse mediante los hábitos. Los hábitos, formas inconscientes, mecanizadas de actuación, hacen que llevemos el pasado al futuro.

La fórmula que tenemos para realizar el cambio deseado pasa por:

Modificar y crear nuevos hábitos. Esto implica incrementar y poner una buena dosis de atención en el presente.

Vivir el hoy, traer el futuro deseado al presente, mediante un cuestionamiento y observación de las tendencias y comportamientos impulsivos y automáticos.

El futuro es libre y puede manifestarse hoy.

Dirigir el mejor cambio consiste en entrenarnos en  traer eso que deseamos al presente, en construir cada paso, trayendo la imagen positiva de lo que se desea lograr al presente.

El futuro y el pasado son imanes, ambos tiran de nosotros.

Esto es pensamiento circular, pasado, presente, futuro se realimentan.

El pensamiento lineal sitúa el futuro en la distancia, en una línea espacio/tiempo. Con el pensamiento circular podemos traer el futuro al presente mediante  la imagen del cambio deseado, sintiendo que este futuro ya es y entonces actuar en consecuencia.

Esta imagen potente del futuro en el presente, es nueva información que activa nuevas capacidades y recursos y nos llevan a actuar de una manera favorable y distinta para lograr lo que se deseamos.

Traer el futuro al presente es vivir en coherencia con lo nuevo que deseamos vivir, no con lo que ya hemos vivido.

Este significa sostener el propósito del cambio, tener firme decisión y el valor para realizarlo.

El valor subyace al deseo.

Puedo desear el cambio y no tener el valor, o no creer que tengo el valor para lograrlo.

Entramos entonces a una capa más profunda y crucial: Dirigimos los cambios hacia aquello que nos da confianza porque sentimos que es mejor. Esto que creemos que es mejor se convierte en nuestro objetivo, nos motiva, nos impulsa, nos da coraje y el valor necesario para emprender el camino, actuando de otra manera.

El mejor cambio nos proporciona esencialmente confianza.

Cuando sentimos confianza en el cambio podemos activar nuestra voluntad, nos comprometemos con la elección y con la acción.

Sin activar la voluntad no hay cambios significativos y duraderos. No se trata de un esfuerzo de voluntad. La voluntad se activa cuando hay  confianza de que el cambio es bueno y genera confianza.

 

Cuando tenemos confianza en el cambio mantenemos el foco, cuando no hay confianza nos desorientamos, nos dispersamos, confundimos las prioridades.

Cuando hay confianza suceden los mejores cambios que están profundamente alineados con nuestros valores, con nuestra voluntad y determinación, vamos más allá del mero deseo.

 

 

 


6ª COORDENADA: ¿CÓMO PUEDO INFLUIR EN LOS CAMBIOS?

¿Qué puede pasarme si logro mi objetivo?

¿CÓMO PUEDO INFLUIR EN LOS CAMBIOS

 

LA CONFIANZA PÉRDIDA.

El modo como pensamos y lo que pensamos influye directamente en cómo nos valoramos a nosotros mismos.

Esta valoración de nosotros mismos es un aspecto crucial para confiar en el mejor cambio.

¿Qué pensamos de nosotros mismos?

La valoración personal afecta la confianza en el cambio que queremos y en las elecciones que hacemos. Esta confianza está ligada a lo que creemos.

Lo que creemos influye en nuestro modo de actuar y de plantear los cambios. Vivimos y actuamos de acuerdo con lo que creemos. Las creencias condicionan nuestras motivaciones y aspiraciones, nuestras formas de lograr lo que queremos.

Nos convertimos en lo que pensamos, dicen los sabios.

La mayoría de las creencias las hemos aprendido de otras personas, han provenido del entorno cultural, social, generacional, familiar, en últimas de la historia.

Hemos aprendido a desconfiar de nosotros mismos.

A lo largo de la historia hemos interiorizado creencias que en lugar de darnos confianza en nuestros talentos nos han llevado a sentirnos pequeños, insignificantes. Muchos intereses, ideologías, teorías acerca del ser humano han contribuido a crear creencias que nos hacen desconfiados, impotentes ante los cambios.

¿Qué hay entre nosotros y el cambio que queremos?

Hay expectativas, condicionadas por las creencias.

Las expectativas contienen emociones.

Tanto las expectativas, como las emociones dependen de las creencias.

Lo que no nos han enseñado es que este conjunto de expectativas, emociones  y creencias crean imágenes internas inconscientes que favorecen o dificultan los cambios.

Racionalmente podemos tener bien definido el objetivo que queremos. Esto no es suficiente, pues inconscientemente podemos tener a la vez una imagen negativa del mismo. Esta imagen negativa del objetivo puede estar asociada a creencias limitadoras, a expectativas y emociones que nos debilitan.

Esta quinta coordenada consiste en un trabajo profundo de autoconocimiento,  de identificación de las creencias que han influido  en nuestra valoración personal y por ende en la confianza en nosotros mismos y en los cambios que queremos.

 

Recuperar la confianza que  hemos perdido a través de la historia  se convierte en uno de los mayores retos que tenemos los humanos.

 

Todo cambio, todo objetivo, es para mí  el pretexto que tenemos para recuperar la confianza en nosotros mismos, rescatar la confianza en las posibilidades que como seres humanos tenemos. Creer en nuestra grandeza para hacer el mejor cambio y este mundo mejor.

 

 

7ª COORDENADA LA FUERZA DE LA COLABORACIÓN, EL SER SOCIAL.

¿De qué manera mi estilo de relación favorece el logro de mis objetivos?

¿Cuál es el mejor modo de lograr los cambios, si somos seres interdependientes, que vivimos en relación?

Las creencias nos afectan en el terreno individual y colectivo.

Hemos aprendido a desconfiar individual y colectivamente. Ambas desconfianzas se retroalimentan, creando contextos culturales, sociales de desconfianza, de hostilidad y vulnerabilidad.

Ambas desconfianzas, la individual y la colectiva, se basan en los supuestos de ideologías dominantes, que nos han inculcado creencias, por ejemplo la ley del más fuerte para sobrevivir. Creencias que nos impulsan a la acción competitiva y a desarrollar estrategias de poder, como el ataque- defensa, ganador- perdedor, que hemos ido incorporado y activando en el trato con los demás e incluso con nosotros mismos.

Nos hemos convertido en contrincantes, tanto en las pequeñas cosas cotidianas del día a día, como en las grandes cosas, familiares, sociales.

A través de la historia hemos aprendido a sentirnos separados los unos de los otros, a desconfiar en las diferencias, a perder la noción de Unidad que constituimos como especie.

En esta desconfianza no tiene cabida la relación ganador- ganador que es propia de la estrategia de colaboración.

Esta desconfianza es ciega porque lleva al individuo a separarse, a creer que puede desarrollarse sin contar con los demás o a esgrimir modos de relación, sin importar el efecto en el conjunto, ignorando que el efecto repercute sobre sí mismo.

Esta desconfianza produce seres solitarios, profundamente amargados e inseguros que mantienen vivos los mecanismos de poder para poder sobrevivir.

Las creencias limitadoras que se han creado y mantenido a lo largo de la historia, producen  en la sociedad seres que se sienten pequeños y que temen la colaboración.

Con estas ideas en la mente se ha ido frenando el impulso espontaneo de colaboración y fortaleciendo el temor a que la colaboración no favorezca el desarrollo individual, tan marcado en nuestros tiempos.

Pasamos por alto que el desarrollo individual se consigue mediante las relaciones, no en el asilamiento social. Es en lo social donde adquirimos nuevas habilidades, nuevas competencias y desarrollamos nuestros talentos.

Nuestro desarrollo personal depende del  grado de contribución e influencia de cada uno en el entorno, en lo social.

Nuestro desarrollo individual, está ligado a nuestra influencia en lo social y está depende del modo cómo nos relacionamos.

La colaboración fruto de una visión más amplia, de ver conjuntos, contextos, no suprime las necesidades personales, por el contrario alinea lo individual con las necesidades del conjunto, las integra.

La colaboración, aun en cierne, es el modo de relación propiamente humano, que nos llevará a buscar la concordancia entre el desarrollo individual y el social. Para ello es útil tener en cuenta el enfoque multidimensional, que propone  Edgar Morin,  que nos dice que somos seres individuales, sociales y planetarios a la vez.

Construir relaciones basadas en la colaboración es uno de los retos evolutivos que tenemos, exige un pensamiento relacional /sistémico, capaz de ver el entretejido que formamos.

El mejor cambio es el que tiene en cuenta el efecto en otros y solo puede darse con la colaboración.

Con la colaboración se enriquecen las contribuciones individuales, se crea una sinergia que fortalece los objetivos individuales.

Desde el pensamiento sistémico podemos decir que mediante la colaboración el sistema entero, el entorno, se convierte en un aliado que favorece los cambios no solo individuales, sino también de los equipos, de las organizaciones, de la sociedad.

Solo hay colaboración si hay confianza y si hay confianza se activan los recursos para realizar los mejores cambios.

Por: Marta Lucía Ocampo.

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