MONOGRÁFICO PREMIUM: LAS COORDENADAS DEL MEJOR CAMBIO.

por / miércoles, 01 febrero 2017 / Publicado enLas coordenadas del mejor cambio

En este monográfico, Las Coordenadas del Cambio, abordamos la naturaleza del cambio e identificamos las coordenadas que como pautas clave nos ayudarán en un proceso transformador.

Estas coordenadas crean un marco teórico que facilita la labor de acompañamiento de los procesos de cambio.

 

Presentamos tres partes:

Primer parte: El cambio, primera y segunda coordenada.

Segundo parte: Tercera, cuarta y quinta coordenada.

Tercer parte: Sexta y séptima coordenada.

 

LAS COORDENADAS DEL MEJOR CAMBIO

 

PRIMERA PARTE.

EL CAMBIO.

Todo cambio es el resultado de una alteración en lo establecido, en la situación ordinaria, en el sistema conocido.

Se produce un cambio cuando se crea algo nuevo, cuando algo se transforma por la entrada de nueva información. Cuando el sistema afectado pasa por un proceso de integración, ajuste e intercambio de la nueva información, empieza el proceso de cambio, de transformación que nos lleva a nuevos modos de actuación.

Esta información de entrada a veces puede colapsar el sistema, ser un elemento disruptivo, inesperado, sorprendente que exige movimientos inteligentes y rápidos del sistema para rehacerse, para asimilar la nueva información y mantenerse vivo. En este caso los elementos del sistema no son conscientes de la nueva información, no la controlan, no la prevén, esta información adviene sin su participación y descoloca. Cuando esto sucede  en el ámbito psicológico hablamos de traumas.

A veces las acciones que impactan al sistema no se ajustan a las condiciones del sistema, lo presionan, generando tensiones, frustraciones, por ejemplo cuando la respuesta del sistema se debe a algo que se ha impuesto.

El cambio también puede ser rítmico, respetuoso con las condiciones internas del sistema y con la fase de su crecimiento. Esto exige una comprensión del sentido y finalidad del sistema, de su singularidad, de su historia, de sus recursos, de su potencial.

Un cambio se produce cuando nuevos inputs entran y se procesan en el sistema existente, cuando se activa la tendencia del sistema a auto organizarse. Esta nueva información ha de incorporarse produciendo movimientos de antiguas rutinas y patrones de funcionamiento que han llegado al límite.

Un cambio conlleva siempre un movimiento.

A veces el sistema ha llegado a un nivel estático que cierra posibilidades a lo nuevo, cierra espacios para que entre nueva información, nuevas percepciones y manifiesta resistencias.

Ante lo nuevo el sistema moviliza resistencias para mantener un determinado equilibrio.

 

1ª COORDENADA: RECONOCER LA NECESIDAD DEL CAMBIO

¿CUÁNDO SE NECESITA UN CAMBIO?

Se quiere un cambio cuando los modos de vida personal,  social, cultural, planetario ya no se pueden mantener, cuando han llegado al final. Cuando aquello que nos funcionaba ya no nos no funciona igual, ya no nos proporciona tranquilidad, ya no nos beneficia.

Queremos un cambio cuando entra en crisis aquello que no nos funciona más.*

Cuando las formas personales, sociales se hacen insostenibles.*

Cuando algo que ha funcionado no se sostiene por más tiempo puede deberse a que sus efectos colaterales son muy fue negativos y causan sufrimiento, o cuando su propósito ya no es válido.

  • ¿Qué ha llegado al límite en mí? ¿En qué áreas?
  • ¿Cuáles son mis puntos de no retorno?
  • ¿Qué se resquebraja en mi vida?

Queremos un cambio cuando nos damos cuenta que la vida sigue adelante, que todo cambia y nosotros seguimos igual, que nuestros modos de vida ya no son adecuados y que es en vano esperar a que las cosas sean como antes.

Queremos un cambio cuando vemos que no podemos retroceder, que intentar ir al pasado es inútil, que este es irreversible, que ya no existe.

Queremos un cambio cuando somos conscientes que las viejas fórmulas del pasado ya no nos valen y que el empeño en mantenerlas tiene un coste emocional alto.

Queremos un cambio en  momentos cruciales de nuestras vidas en que debemos hacer elecciones, apostar por lo nuevo.

Queremos un cambio cuando somos conscientes que  no podemos parar el cambio, que no podemos detener el movimiento de la vida, su fuerza, su impulso.

*Estas frases están inspiradas en la lectura del libro La Verdad Profunda de Gregg Braden).

 

2ª COORDENADA: ASENTIR LA SITUACIÓN DE PARTIDA TAL COMO ES.

La necesidad del cambio surge de un  proceso en que nos hemos  ido preparando para ver. Esa capacidad de ver es el resultado de un trabajo laborioso de la conciencia individual y colectiva.

Cada día nos entrenamos para ver. Aprendemos a ver, a darnos cuenta de lo que hay que cambiar para tener una vida plena. La vida es nuestra maestra, nuestra entrenadora. A veces este proceso para ver aquello que necesitamos cambiar es un proceso lento, pues nos empeñamos en repetir patrones de comportamiento que ya no son inteligentemente adaptativos, que han perdido vigencia, y son viejos esquemas que no nos ayudan a responder eficazmente  a las cosas nuevas del  presente.

Todo cambio es un reto y como reto conlleva un aprendizaje.

La tendencia habitual cuando reconocemos lo que queremos cambiar es juzgar negativamente y rechazar eso que queremos cambiar.

Cuando entramos en juicios de valor perdemos la oportunidad de aprender de las cosas que repetimos y queremos cambiar.

Si nuestra energía y atención están enfocadas en juzgar, no queda energía para el aprendizaje. Nuestro reto es invertir  la atención, utilizar la energía para aprender lo nuevo, para clarificar el camino y dar los primeros pasos hacia adelante.

Una vez que hemos admitido la necesidad de un cambio, es más útil mirar sin juzgar, sin reprochar, ver la situación de partida con una mirada amplia, sin juicios que estrechen la visión.

Un gran paso para iniciar un cambio consiste en asentir la realidad tal como es.

Asentir nos da fuerza para emprender el cambio.

Emprender el camino del cambio pasa por consensuar con el pasado, en  llegar a acuerdos.

La tarea en este momento es dejar de luchar con el pasado. Este primer paso es ya un primer cambio.

Sin juicios de valor, miramos atrás para extraer las lecciones aprendidas e identificar los recursos que nos fueron útiles.

Estos recursos están enriquecidos en el presente gracias a la experiencia del ayer.

 

SEGUNDA PARTE.

3ª COORDENADA: LOS CAMBIOS DEPENDEN DE NUESTRA FORMA DE PENSAR.

Los cambios y las transformaciones que el ser humano ha producido a lo largo de la historia han dependido de la evolución en su forma de pensar.

¿CÓMO PENSAMOS?

Tenemos más conciencia de qué pensamos y menos de cómo pensamos.

Nuestra manera de pensar tiende a fragmentar la realidad, nos concentramos en las partes aisladas de la realidad, sin ver el conjunto, sin relativizar, sin tener en cuenta el contexto y la relación de las cosas.

Esta manera de pensar limita los puntos de observación y la capacidad de crear nuevas respuestas. Nos refuerza la necesidad de seguridad y el conformismo.
En un mundo en cambio, complejo e incierto  nuestro pensamiento sigue modelos cartesianos, estrechos, lineales  que nos refuerzan la necesidad de seguridad y búsqueda de certezas.

Para ir a la par con los cambios requerimos actualmente  un pensamiento capaz de manejar  lo incierto, lo complejo, ser capaces de ver contextos y el entretejido de las cosas.

Necesitamos desarrollar la capacidad de comprender la forma como pensamos y como hemos interiorizado los supuestos y las creencias que a lo largo de la historia nos han condicionado.

Necesitamos abrir nuestra visión, crear más puntos de observación para tener más respuestas.

Necesitamos revisar nuestra manera de pensar  y el contenido de nuestros pensamientos y sus efectos.

 

4ª COORDENADA: TODO CUANTO HAGO AFECTA A OTROS.

LA ECOLOGÍA DE LA ELECCIÓN.
Este nuevo tipo  de pensamiento parte del hecho de que somos seres interdependientes. La tendencia a vernos como entes separados e independientes es una distorsión, estamos y vivimos en relación.

Tenemos la sensación de separación del conjunto. Separación los unos de los otros, separación de  los  actos y sus consecuencias. Esto nos lleva fácilmente a formular cambios egoístas, ignorando la repercusión que los cambios tienen en el conjunto y en nosotros mismos.

Cualquier cambio que proponemos afecta el sistema donde nos movemos.

A veces es difícil predecir las consecuencias de los cambios, y su efecto en los miembros del sistema.

Toda acción nuestra entra en relación con el entorno, influye directa o indirectamente y el entorno a su vez influye. El sistema, el entorno influye también en los cambios. Influimos y somos influienciados. Por eso es tan importante que las acciones sean lo más ecológicas posible, lo menos dañinas para el sistema y sus miembros. Esto no es cuestión de moral, es cuestión de ver la continua interacción que tenemos con los sistemas.

Otro aspecto importante a considerar, es ver cómo el efecto de las acciones repercute en la persona que causa la acción, como vuelve a su punto de origen. Esto se debe al principio de circularidad y de realimentación.

Estos principios nos llevan a preguntarnos:

  • ¿Cuál es la motivación profunda del cambio que quiero lograr?
  • ¿Qué o quienes están involucrados?

Estos principios nos ayudan a incrementar no solo nuestra conciencia personal sino también la colectiva. A menudo estamos demasiado absortos en el yo mismo, sin tener en cuenta que ese yo mismo es parte de un todo.

Soy una parte del todo, el todo me repercute y yo lo repercuto a él.

El darnos cuenta de nuestra  dimensión social  puede ser una coordenada esperanzadora en estos tiempos, siempre y cuando  produzca en nosotros el  deseo de influir y contribuir de la mejor manera a los cambios que dignifiquen nuestra individualidad y al colectivo humano al que pertenecemos.

 

5ª COORDENADA: ¿HACIA DÓNDE DIRIGIMOS LOS CAMBIOS?

 

TRAER El FUTURO AL PRESENTE.

Sin duda, dirigimos los cambios hacia algo que situamos en el futuro, no en el presente.

Creemos que ese algo será bueno, útil, mejor, que nos  proporcionara paz, felicidad, en suma bienestar.

Dirigimos los cambios hacia lo que vendrá, no a lo que es hoy. Este planteamiento nos juega una mala pasada, el pasado tiende a repetirse, llevando el pasado al futuro. La fórmula está en vivir el hoy, traer el futuro deseado al presente.

El futuro es libre y puede manifestarse hoy.

Dirigir el mejor cambio consiste en entrenarnos en  traer eso que deseamos al presente, en construir cada paso trayendo la imagen del futuro deseado al presente, en vincular el futuro al presente.

El futuro y el pasado son imanes, ambos tiran de nosotros.

Esto es pensamiento circular, pasado, presente, futuro se realimentan.

El pensamiento lineal sitúa el futuro en la distancia, en la coordenada espacio/tiempo. Con el pensamiento circular podemos traer el futuro al presente mediante  la fuerza de la imagen creadora, sintiendo que este futuro ya es y entonces actuar en consecuencia.

Esta imagen potente del futuro en el presente, es nueva información que activa nuevas capacidades y recursos. Esto exige mantener la atención en el presente, sin salirnos del aquí y ahora.

Traer el futuro al presente es vivir en coherencia con lo nuevo que deseamos vivir, no con lo que ya hemos vivido.

Este significa sostener el propósito, tener firme decisión y el valor para realizarlo.

El valor subyace al deseo.

Puedo desear y no tener el valor, o no creer que tengo el valor para lograrlo.

Entramos entonces a una capa más profunda y crucial: Dirigimos los cambios hacia aquello que nos da confianza porque sentimos que es mejor.

El mejor cambio nos proporciona esencialmente confianza.

Cuando sentimos confianza en el cambio podemos activar nuestra voluntad, nos comprometemos con la elección y con la acción.

Cuando tenemos confianza en el cambio mantenemos el foco, cuando no hay confianza nos desorientamos, nos dispersamos, confundimos las prioridades.

Cuando hay confianza suceden los mejores cambios que están profundamente alineados con nuestros valores, con aquello que realmente es importante para nosotros.

 

TERCERA PARTE.

6ª COORDENADA: ¿CÓMO PUEDO INFLUIR EN LOS CAMBIOS?

LA CONFIANZA PÉRDIDA.

El modo como pensamos y lo que pensamos influye directamente en cómo nos valoramos a nosotros mismos.

Esta valoración de nosotros mismos es un aspecto crucial para confiar en el mejor cambio.

¿Qué pensamos de nosotros mismos?

La valoración personal afecta la confianza en el cambio que queremos y en las elecciones que hacemos. Esta confianza está ligada a lo que creemos.

Lo que creemos influye en nuestro modo de actuar y de plantear los cambios. Vivimos y actuamos de acuerdo con lo que creemos. Las creencias condicionan nuestras motivaciones y aspiraciones, nuestras formas de lograr lo que queremos.

Nos convertimos en lo que pensamos, dicen los sabios.

La mayoría de las creencias las hemos aprendido de otras personas, han provenido del entorno cultural, social, familiar, en últimas de la historia.

Hemos aprendido a desconfiar de nosotros mismos.

A lo largo de la historia hemos interiorizado creencias que en lugar de darnos confianza en nuestros talentos nos han llevado a sentirnos pequeños, insignificantes. Muchos intereses, ideologías, teorías acerca del ser humano han contribuido a crear creencias que nos hacen desconfiados, impotentes ante los cambios.

¿Qué hay entre nosotros y el cambio que queremos?

Hay expectativas, condicionadas por las creencias.

Las expectativas contienen emociones.

Tanto las expectativas, como las emociones dependen de las creencias.

Lo que no nos han enseñado es que este conjunto de expectativas, emociones  y creencias crean imágenes internas  inconscientes que favorecen o dificultan los cambios.

Esta sexta coordenada consiste en un trabajo profundo de autoconocimiento,  de identificación de las creencias que han influido  en nuestra valoración personal y por ende en la confianza en nosotros mismos y en los cambios que queremos.

Recuperar la confianza que  hemos perdido a través de la historia  se convierte en uno de los mayores retos que tenemos los humanos.

Todo cambio, todo objetivo, es para mí  el pretexto que tenemos para recuperar la confianza en nosotros mismos, rescatar la confianza en las posibilidades que como seres humanos tenemos. Creer en nuestra grandeza para hacer el mejor cambio y este mundo mejor.

 

7ª COORDENADA LA FUERZA DE LA COLABORACIÓN, EL SER SOCIAL.

¿Cuál es el mejor modo de lograr los cambios si somos seres interdependientes, que vivimos en relación?

Las creencias nos afectan en el terreno individual y colectivo.

Hemos aprendido a desconfiar individual y colectivamente. Ambas desconfianzas se retroalimentan, creando contextos culturales, sociales de desconfianza, de hostilidad y vulnerabilidad.

Ambas desconfianzas, la individual y la colectiva, se basan en los supuestos de ideologías dominantes, que nos han inculcado creencias, por ejemplo la ley del más fuerte para sobrevivir. Creencias que nos impulsan a la acción competitiva y a desarrollar estrategias de poder, como el ataque- defensa, ganador- perdedor, que hemos  incorporado y activado en el trato con los demás e incluso con nosotros mismos. Nos hemos convertido en luchadores.

Hemos aprendido a sentirnos separados los unos de los otros, a desconfiar en las diferencias, a perder la noción de Unidad que constituimos como especie.

En esta desconfianza no tiene cabida la relación ganador- ganador que es propia de la estrategia de colaboración.

Esta desconfianza es ciega porque lleva al individuo a separarse, a creer que puede desarrollarse sin contar con los demás o esgrimir modos de relación, sin importar el efecto en el conjunto, ignorando que el efecto repercute sobre sí mismo.

Esta desconfianza produce seres solitarios, profundamente amargados e inseguros que mantienen vivos los mecanismos de poder para poder sobrevivir.

Las creencias limitadoras que se han creado y mantenido a lo largo de cientos de años producen  en la sociedad seres que se sienten pequeños y que temen la colaboración.

Ante esta ceguera se teme que la colaboración no favorezca el desarrollo individual. Esto es una gran ceguera ya que el desarrollo individual depende del  grado de contribución e influencia de cada uno en el mundo.

Nuestro desarrollo individual, nuestro mejor cambio depende del modo cómo nos relacionamos. En el modo está la posibilidad del cambio.

La colaboración fruto de una visión más amplia, de ver conjuntos, contextos, relaciones, no suprime las necesidades personales, alinea lo individual con las necesidades del conjunto, las integra.

La colaboración, aun en cierne, es la estrategia humana por excelencia, que nos llevará a buscar la concordancia entre el desarrollo individual y el social. Para ello es útil tener en cuenta el enfoque multidimensional, que propone  Edgar Morin,  que nos dice que somos seres individuales, sociales y planetarios a la vez.

Construir relaciones basadas en la colaboración es uno de los retos evolutivos que tenemos, exige un pensamiento relacional /sistémico, capaz de ver el entretejido que formamos.

El mejor cambio es el que tiene en cuenta el efecto en otros, el que es ecológico y solo puede darse con la colaboración.

Con la colaboración el sistema entero se convierte en un aliado que favorece los cambios individuales.

Solo hay colaboración si hay confianza y si hay confianza se activan los recursos para realizar el mejor cambio.

Por: Marta Lucía Ocampo.

 

Los planteamientos expuestos constituyen el marco teórico y filosófico para el diseño y desarrollo de la Formación & Entrenamiento Sistémico y en concreto para el curso Especialista en Coaching Sistémico.

 

 

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