LA ESTRATEGIA DE COLABORACIÓN

por / jueves, 26 octubre 2017 / Publicado enAnotaciones, Coaching sistémico

En un mundo de interdependencias la estrategia humana inteligente  es la colaboración, ganador – ganador.

Esta estrategia de relación corresponde a seres humanos capaces de ver las conexiones, de ver el entretejido que forman las partes y ver la finalidad del conjunto.

La colaboración, fruto de una visión más amplia que tiene en cuenta el conjunto, el contexto, no suprime las necesidades personales, alinea lo individual con las necesidades del conjunto, las integra.

La colaboración es profundamente inclusiva, tiene en cuenta lo individual y lo colectivo.

La colaboración, como modo humano de relacionarnos, exige caminos creativos y evolutivos. Lo normal e históricamente conocido es contrario a la colaboración, es la lucha, los juegos de poder, el dominio.

La colaboración produce aún mucho temor, una de las falsas razones es creer que colaborando se pierde la individualidad.

Hemos adquirido dosis muy altas de individualidad y también de desconexión con el conjunto, con el entorno, con los otros, con los sucesos sociales.

Nos queda aún mucho camino por recorrer para que la estrategia de colaboración tenga un lugar en nuestras vidas. Para ello es importante comprender, entre otras cosas, el concepto de retroalimentación en las relaciones.

El concepto de retroalimentación nos lleva a darnos cuenta de que el bienestar de las partes también tiene que ver con el bienestar del todo, porque el todo y las partes se influyen mutuamente. Asimilar este concepto nos ayudaría a reducir, en gran medida, el miedo a perder la individualidad, históricamente ganada a lo largo de años de desarrollo.

Presuponer que la colaboración no enriquece la individualidad es una creencia bastante restrictiva y simple.

Esta idea es ciega y dañina porque lleva al individuo a separarse, a creer que puede desarrollarse sin contar con los demás o a esgrimir modos de relación sin importar el efecto en el conjunto, ignorando que el efecto repercute posteriormente sobre sí mismo.

La colaboración, aun en cierne, es la estrategia humana por excelencia, que nos lleva a buscar la concordancia entre el desarrollo individual y el social. Para ello es útil tener en cuenta un enfoque multidimensional, (Edgar Morin) que nos habla de que somos seres individuales, sociales y planetarios a la vez.

Esta visión es la base de la ecología de las relaciones y requiere de un pensamiento amplio de miras, de nuevas competencias personales y profesionales.

Construir relaciones basadas en la colaboración es uno de los retos evolutivos que tenemos, exige una inteligencia emocional y un pensamiento relacional /sistémico, en los que palabras servicio, compromiso, confianza, son atributos sine qua non.

Sin estos atributos es muy difícil la colaboración.

El cultivo de estos atributos requiere una nueva educación y en el caso de los adultos, que no hemos sido educados para colaborar, requiere una segunda autoeducación, enfocada al desarrollo de nuevas competencias que reduzcan el miedo a perder la individualidad y nos capaciten para construir  juntos modos de vida más convivenciales.

Estos atributos de la colaboración tienen cabida en los diferentes ámbitos de la vida en que nos movemos. Son indicadores de relaciones maduras y realmente humanas.

Soy una parte del todo. El todo me repercute y yo lo repercuto a él.

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